El chingolo es una de nuestras aves más familiares y populares. Puede
confundírselo con el gorrión, sobre todo cuando no lleva erecto el copete.
Se
lo ve solo o en pareja y a veces en grupitos, tranquilo y confiado.
Necesita
de áreas verdes, por lo que su presencia no es tan frecuente en ciudades
densamente pobladas.
Habitante de todo el país, lo podemos ver en el suelo,
por donde se desplaza a saltitos, o sobre árboles o arbustos, desde donde nos
brinda su canto melodioso. El canto está compuesto por cuatro notas: las tres
primeras cortas y claras, y la última más alargada, a modo de gorjeo.
El
doctor Pablo Tubaro, biólogo de Aves Argentinas y del CONICET, ha realizado
importantes estudios sobre el canto del chingolo. Mediante grabaciones que luego
graficó por medio de sonogramas, demostró que el ave introduce leves variaciones
en su canto según la zona en que habita, constituyéndose así verdaderos
"dialectos". Lo más significativo es que las hembras, en su época de
reproducción, cuando eligen su pareja, muestran preferencia por aquellos machos
que poseen el mismo dialecto.
El nido del chingolo es una semiesfera
construida con pajitas y forrada interiormente con cerdas y pelos. En general,
los nidos están situados en el suelo, pero a veces son ubicados en cercos o
arbustos. Los huevos, de forma ovoidal y de color verdoso con pintas castañas y
grises, miden 20 x 15 mm.